En memoria de Alfredo (y II)
(continúa)
La furia sangrienta e irracional que le subió al monte se disipó a las pocas semanas cuando regresó su capacidad de pensar, pero le quedó una rabia animal que animaba sus ansias de devorar carne humana. No es posible imaginar el tormento que sufrió, encadenado en espíritu a un cuerpo embalsamado y obligado por [...]