Voy a dejar para mañana los propósitos de año nuevo porque he tenido una iluminación.

En diciembre de 1999 mientras algunos se preparaban para celebrar el fin del milenio, el fin de siglo y el fin de la década de los noventa, a mi me hervía la sangre:

No me cansaba de repetirlo y me parecía evidente, pero no convencía a nadie.

Celebré el fin de milenio y fin de siglo el 31 de diciembre de 2000, pero lo cierto es que incluso desde la razón me emocionó más pasar de 1999 a 2000 que de 2000 a 2001, por mucha odisea del espacio que pudiera uno leer entre líneas.

Ahora viene otra vez. Se han acabado los años de una cifra y volvemos a los de dos, y claro, estamos celebrando el fin de la década.

Estaba dispuesto a desenterrar el hacha de guerra otra vez, sin embargo, a cobijo de lo aprendido durante el año pasado y pensando en el que viene, pulsé el botón de pausa. ¿Para qué me voy a amargar por algo que ocurrió (supuestamente) hace dos mil años? ¿Es tan importante tener paquetes de diez completos e igualitos guardados en los libros de historia?

A cascarla.

Desde hoy soy del bando de los que acaban las cosas en el nueve. Para mi entre el año 1 AC y el 1 DC hubo un año 0 de exactamente 365 días de 0 horas cada uno, del mismo tipo que los que se emplearon para el velatorio de diez días de Santa Teresa de Jesús.

Así que feliz fin de década cero del nuevo milenio.

¿O era uno?