Como recoge Borges en uno de sus manuscritos perdidos: la biblioteca invisible de Pu, excavada en las laderas plutónicas del monte Urbaq acogía en su interior una perla de la historia de la humanidad.
Taun, sacerdote de la secta Trig encargada durante siglos de velar por la continua renovación de la biblioteca invisible, lo cuenta de forma exquisita en un pergamino encontrado bajo su lápida mortuoria en el lugar en que sus restos debían descansar. Dicho pergamino sólo recientemente ha podido ser interpretado dado que estaba plegado de tal forma que se hacía imposible abrirlo sin comprometer la integridad de su contenido, al no estar escrito el texto con la mezcla característica de obsidiana pulverizada mezclada con sangre de ave, sino encontrarse flotando sobre el pergamino atado a una red de finos cabellos enredados en las letras, formadas por huesecillos de ave, y unidas al pliego por los propios folículos petrificados del animal a lo largo del perímetro de la piel. El hecho de que el etéreo tejido quedase libre en el centro permitía que al doblar el pergamino se entremezclaran los pliegues del papel con las letras y los hilos formando un portentoso rompecabezas.
El documento, una vez desplegado1, guardaba todavía una sorpresa más: el texto está escrito en griego, algo inexplicable si tenemos en cuenta que cuando la biblioteca invisible paradójicamente desapareció, faltaban unos cuantos siglos para el nacimiento de la civilización griega.
La narración sigue las rígidas normas de los otros testimonios escritos de la biblioteca invisible que han llegado hasta nosotros. Como en todo documento inferior, el texto se compone exclusivamente de versos de cinco pies en los que predominan alternadas sílabas breves y largas. Además sigue la costumbre de la secta Trig de entrelazar ilustraciones jeroglíficas con el texto, en la función de notas. Taun juega magistralmente con este recurso y la historia que comienza explicada en el texto con alguna anotación ocasional pasa imperceptiblemente a ser narrada en los dibujos con comentarios aclaratorios en el pentámetro yámbico que pasa al segundo plano.
El documento registra la tragedia de Ming y Polne, la misma Polne de los bajorrelieves del templo de Tit2. Siguiendo la estructura tradicional de las historias menores de Pu, la narración refiere el nacimiento de Ming, hijo de Bli, y su hermano gemelo Murg separados tan sólo por el aliento maldito del llanto de Pluc y su hermana Polne, que salió en un suspiro. Esta secuencia casual determinó el destino de la biblioteca, dando a Ming el orden de bibliotecario3 y a Murg el orden de sabio.
Podemos presumir que los hermanos crecieron sin conocerse. Murg a cargo del propio Taun, y Ming en las salas de la biblioteca, siguiendo la dieta del bibliotecario y aprendiendo la memoria. En este punto puede ocurrírsenos la pregunta que tarde o temprano todos se hacen: ¿puede haber ocurrido que se cruzaran los dos hermanos y se reconocieran en su otra mitad del espejo? Hay una pregunta más malintencionada que plantea la posibilidad de que los dos hermanos en algún punto se intercambiaran. Desde la perspectiva de los años no nos deben importar las permutaciones posibles de los dos hermanos, ni los nombres con que se adornaran. Sólo a uno le corresponde el título de bibliotecario y al otro cargar con el peso de su destino.
Nada se dice en el pergamino sobre cómo se conocieron Ming y Polne. Es posible que en la recitación de alguno de los libros, Ming se sintiera atraído por la mirada fija de Polne, adornada con las galas de novia4. Es posible que Polne atendiera todas las lecturas de Ming, y le mirase fijamente. En cualquier caso, Taun sí determina que durante la prueba5 Ming y Polne se confiesan su amor, pero no pueden hacer nada por la separación del desorden. Cada día dan un paseo y hablan de la cosecha. Ming añade un libro secreto a su repertorio: el libro de la vida de Polne, que esta le regala ya que no pueden consumar su amor. Uno puede preguntase si en el sacrificio posterior de Polne6, además de la filantropía, no influyó la desesperación de pensar que su vida divergiría del recuerdo de Ming una vez este ocupó su puesto en la biblioteca.
El pergamino de Taun encierra en la conclusión otra sorpresa más. El nombre de Murg sólo se menciona en el habitual encabezamiento, como hermano de Ming. Esta ausencia no se detecta hasta llegar al final, y sólo entonces se hace evidente que, haciéndole invisible como la biblioteca, Taun honra la memoria de la misma y nos transmite un último mensaje: la realidad necesita de todas las piezas para existir. Murg, asesino de los autores muertos, nos descubrió la verdad del ahora y la mentira del ayer que se repetirá mañana.
No entraremos aquí a lamentar la pérdida de la biblioteca, encerrada para siempre en la mente de los discípulos de Murg, el sucesor de Taun7. Es para nosotros suficiente con que existiera en algún momento, lo que garantiza que tarde o temprano se repetirá inevitablemente.